Violencia de género

Violencia de género

La violencia doméstica es el abuso físico, sexual y psicológico entre personas que conviven o mantienen una relación sentimental, por lo general ejercida por un hombre contra su pareja sexual (lo que se denomina violencia de pareja íntima)

  • La víctima suele ser una mujer, pero puede ser un hombre.
  • Pueden producirse lesiones físicas, problemas psicológicos, aislamiento social, pérdida del trabajo, dificultades económicas e incluso la muerte.
  • Los médicos pueden sospechar violencia doméstica basándose en lesiones o síntomas inconsistentes o desconcertantes, o bien en el comportamiento de la víctima y/o de su pareja.
  • El aspecto más importante es mantener la seguridad, por ejemplo, contar con un plan de huida.

La violencia doméstica puede ocurrir entre padres e hijos, hijos y abuelos, entre hermanos, así como entre parejas. Se puede apreciar entre personas de cualquier cultura, ascendencia, orientación sexual, ocupación, nivel económico, nivel educativo, formación religiosa y edad.

Maltrato físico

El maltrato físico es la forma más evidente de violencia doméstica. Puede consistir en golpes, bofetadas, patadas, puñetazos, fracturas óseas, tirones de pelo, empujones, torcedura de brazos, golpes contra algo, estrangulación, asfixia, palizas y quemaduras. La víctima también puede ser privada de alimento o de sueño. Para amenazar a la víctima u ocasionarle heridas pueden emplearse armas, como una pistola o un cuchillo.

Agresión sexual

La agresión sexual también es muy frecuente: entre el 33 y el 50% de las mujeres atacadas físicamente por su pareja también son agredidas sexualmente por esta. La agresión sexual implica las amenazas o el uso de la fuerza con el fin de obtener un contacto sexual forzado, e incluye tocamientos no deseados, manoseos, besos y violación.

Maltrato psicológico

El maltrato o abuso psicológico es muy común y con frecuencia acompaña al maltrato físico o sexual. El abuso psicológico implica cualquier comportamiento no físico que rebaja o disminuye la autoestima de la víctima o permite al que ejerce la violencia controlar a la víctima. El maltrato psicológico puede consistir en

  • Lenguaje ofensivo
  • Aislamiento social
  • Control económico
  • El agresor utiliza el lenguaje para rebajar, degradar, humillar, intimidar o amenazar a la víctima en privado o en público.
  • También puede hacer que la víctima piense que sus percepciones de la realidad son erróneas y que está loca (abuso psicológico para intentar hacer enloquecer a la víctima), o que se sienta culpable o responsable, culpándola de su relación ofensiva. El agresor puede también humillar a la víctima acerca de su comportamiento sexual y/o su aspecto físico.
  • El agresor también puede impedir que la víctima obtenga atención médica.
  • Las víctimas de violencia doméstica pueden desarrollar depresión, ansiedad o abuso de fármacos, drogas o alcohol.

Los niños que presencian violencia doméstica 

Se calcula que cada año millones de niños presencian abusos físicos o verbales en sus casas.

Estos niños pueden desarrollar problemas como:

  • Ansiedad excesiva o llanto
  • Miedo
  • Dificultad para dormir
  • Depresión
  • Retraimiento social
  • Dificultades en la escuela

También pueden auto inculparse de esta situación. Los niños mayores incluso pueden huir de casa.

Las víctimas deben recordar que la ofensa nunca está justificada y que siempre cuentan con apoyo, tanto si desean permanecer en la relación como si desean abandonarla. Las víctimas deben enseñar a sus hijos a no interferir en una pelea y cuándo y cómo llamar para pedir ayuda.

Plan de Seguridad

  • A dónde acudir en busca de ayuda (las víctimas deben tener varios posibles lugares a donde ir y una lista de personas a quienes llamar)
  • Cómo escapar (incluyendo a menudo que parezca que se realiza una tarea rutinaria que implica abandonar el hogar, como ir a hacer un recado o pasear al perro)
  • Cómo acceder al dinero (incluyendo esconder dinero en otro lugar y obtener una cuenta bancaria independiente y, si es posible, tarjetas de crédito)

Las víctimas también deben tener copias escondidas de los documentos oficiales (como certificado de nacimiento de los niños, tarjeta de la seguridad social, de seguros y los números de las cuentas bancarias). Debe tenerse una bolsa preparada con el equipaje mínimo y escondida para llevarla en caso de tener que dejar el domicilio rápidamente.

A veces, la única solución es abandonar permanentemente esa relación ofensiva, porque la violencia doméstica suele continuar, sobre todo si el agresor es muy agresivo. También, aun cuando el maltrato físico disminuya, el psicológico puede persistir.

La decisión de abandonarlo todo no es ni sencilla ni fácil. A menudo, las víctimas se sienten incapaces de abandonar una relación abusiva por muchas razones, como el miedo a lo que hará el agresor una vez que se vayan y el hecho de depender económicamente del agresor.

Cuando la pareja agresora se percata de que la víctima ha decidido marcharse, aumenta el riesgo de que se produzcan lesiones más graves e incluso riesgo de muerte. En este momento, las víctimas deben tomar medidas adicionales que la proteja a ella y a los niños. Por ejemplo, pueden obtener una orden de restricción o protección, aunque dicha orden no garantiza la seguridad.

 

Colapso nervioso ante el COVID-19

Colapso nervioso ante el COVID-19

El Covid-19 nos recuerda lo vulnerables que somos, lo conectados que estamos y lo dependientes que somos unos de otros. En medio de una tormenta así, las herramientas científicas y de salud pública son esenciales, pero también lo son la humildad y la amabilidad. Con solidaridad, humildad y asumiendo lo mejor de cada uno, podemos y lo superaremos juntos.

La OMS advierte de que el colapso sanitario por el coronavirus puede aumentar las muertes de enfermedades tratables.

Las constantes noticias sobre la pandemia pueden parecer interminables y esto está afectando la salud mental de muchos, particularmente quienes ya viven con afecciones como la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). 

Aunque preocuparse por las noticias es comprensible, en muchas personas esto puede empeorar problemas de salud mental existentes. 

Todo esto nos lleva a la pregunta: ¿cómo podemos proteger nuestra salud mental durante la pandemia de covid-19?

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer consejos para proteger la salud mental durante el brote y esto fue bien recibido en las redes sociales.

«Una gran parte de los casos de ansiedad se basan en preocuparse por lo desconocido y estar a la espera de que suceda algo: el coronavirus es eso, a una escala macro»

Medidad preventivas para apoyar a las personas a enfrentar la pandemia

  1. Pasar largos períodos alejado de sitios de noticias y de las redes sociales, que no hacen, sino alimentar la ansiedad y el miedo.
  2. Limita la cantidad de tiempo que pasas leyendo o mirando cosas que no te hacen sentir mejor. Quizás elige un momento específico para leer noticias.
  3. Hay mucha desinformación circulando, por eso debes mantenerte informado a través de fuentes confiables de información, como sitios web del gobierno e instituciones públicas de salud.
  4. Haz una pausa en las redes sociales
  5. Silencia palabras clave que pueden ser desencadenantes en Twitter y deja de seguir ciertas cuentas o siléncialas.
  6. Silencia ciertos grupos de WhatsApp y oculta publicaciones y feeds en Facebook si los encuentras demasiado abrumadores.
  7. Mantente conectado con la gente, un número cada vez mayor de gente se sumará a los que ya están en autoaislamiento, por lo que ahora podría ser un buen momento para que te asegures de que tienes los números de teléfono y las direcciones de correo electrónico de las personas que te importan.
  8. Si te aíslas, trata de lograr un equilibrio entre tener una rutina y asegurarte de que cada día sea un poco diferente.
  9. Evitar el agotamiento, se recomienda continuar en contacto con la naturaleza y con la luz solar. Hacer ejercicio, comer bien y mantenerse hidratado.

Técnica para lidiar con la ansiedad y las preocupaciones

  • Reconoce y admite la incertidumbre que te viene a la mente.
  • No reacciones como lo haces normalmente. No reacciones en absoluto. Haz una pausa y respira.
  • Repítete que es la preocupación que te está afectando y que una aparente necesidad de certeza no es útil ni necesaria. Se trata solamente de un pensamiento o sentimiento. No creas todo lo que piensas. Los pensamientos no son declaraciones ni hechos.
  • Despídete de algunos pensamientos y sentimientos. Pasarán. No tienes que reaccionar.
  • Explora el momento presente, porque ahora, en este momento, todo está bien. Mide tu respiración y las sensaciones de esta acción. Observa el suelo debajo de ti. Mira a tu alrededor y observa lo que ves, lo que oyes, lo que puedes tocar, lo que puedes oler. Luego pasa tu atención a otra cosa, a lo que necesitas hacer, a lo que estabas haciendo antes de que te dieras cuenta de las preocupaciones que te atañen.

Si a la comunidad global de la ansiedad que habitamos se une una pandemia desconocida, apaga y sigue adelante. ¿Què hacer para que la histeria colectiva no te rompa los nervios. 

Engaña al miedo

Es normal que sientas temor, pero trata de no hacerle caso cuando te visite. El miedo no solo se queda grabado en tu cabeza, sino que se multiplica hacia tu sistema nervioso y digestivo, con lo cual también puede que afecte a tu sistema inmunológico. 

Céntrate en estar bien

Porque lo peor es caer en la psicosis y el pánico se contagia aún más rápido que el virus. Acepta la incertidumbre hasta que las cosas vuelvan a la normalidad, y concéntrate en seguir las recomendaciones sanitarias y cuidar de ti y de los tuyos.

Para los vivos que no recuerdan la vida

Para los vivos que no recuerdan la vida

Si estoy muriendo, pero todavía soy la misma persona de siempre. Mi nombre y dirección no han cambiado y todavía tengo el mismo teléfono. 

Si estoy muriendo, pero todavía necesito que me necesiten. Ahora más que nunca. Necesito lugares que visitar, gente con quien estar y cosas que hacer. No estoy tratando de escapar a la realidad de mi situación, pero tampoco quiero quedarme en casa sin nada que hacer más que pensar en mi situación. 

Sí, estoy muriendo, pero todavía se me pueden acercar. Se pueden sentar junto a mí, darme la mano, abrazarme. Mi enfermedad no es contagiosa. No he sido aislado por mis doctores.

Sí, estoy muriendo, pero todavía me pueden mandar tarjetas y flores. Después de mi operación, el cartero habrá pensando que soy una celebridad. Hoy me encontré el buzón vacío. Incluso una cuenta o un anuncio sería algo interesante.

Si estoy muriendo, pero todavía pueden rezar por mí. No tengo tiempo de morir, pero estoy preocupado por lo que puedo hacer en los días que me quedan. Y a veces pienso qué hará mi esposa sin mí. No quiero que me hagan saber sus condolencias públicamente, pero me gustaría que me recordaran en sus plegarias.

Sí, estoy muriendo, pero, todavía puedo salir y pasar un buen rato. No quiero hacerlos sentir incomodos cuando estén conmigo, pero permítanme ponerme sentimental en ocasiones. A veces son las pequeñas cosas las que evocan recuerdos preciados o me hacen dudar si estaré presente en la próxima celebración.

Si estoy muriendo, pero estoy listo para enfrentar el futuro por la esperanza eterna que me da mi fe. No quiero que lloren por mi como alguien que no tiene esperanzas. Mejo, aprovechemos al máximo cada día que Dios nos da en la tierra.

 

 

Anónimo.

Aprendiendo a decir adiós.

Marcelo Rittner.

Estrés colectivo

Estrés colectivo

El estrés colectivo es también conocido como histeria social o reacción colectiva y abarca un conjunto de síntomas somáticos, en los que una persona es afectada por éstos y todos los que están en contacto con la misma se contagian, por así decirlo.

Es un fenómeno que puede afectar a cualquier persona (dependiendo del grado de susceptibilidad por el que esté pasando en el momento actual) y la misma, quizás ni se percate de la razón por la cual siente ciertos síntomas propios de la ansiedad, ya sea por haber leído o escuchado alguna noticia procedente de algún amigo cercano, familiar, pareja, etc.

Un perfecto ejemplo es la situación mundial que estamos viviendo debido al COVID – 19, todos los medios de comunicación están hablando de la pandemia 24 horas, dando distintas versiones, alarmando a la gente. El tema de conversación en general va referente a esta situación y a la incertidumbre de lo que vendrá, todo esto causa en la persona un incremento de cortisol y este efecto genera una posible reacción en cadena de estrés a las diferentes personas con las que ésta tiene contacto en su día.

Aunque existan personas que se encuentren libres de estrés, si están frecuentemente en contacto con gente que sí lo padece, pueden verse afectados de una manera psicológica, lo que los investigadores denominan como estrés empático, y se puede medir por el nivel de cortisol.

Así, cuando una persona observa una noticia por su celular y ésta viene con un mensaje alarmante de parte de una persona cercana, las neuronas espejo se alteran, junto a ellas la producción de cortisol, lo que hace que pudiéramos padecer de cierto nivel de estrés.

Cómo combatir el estrés

Combatir el estrés no es tarea fácil, ya que, en ocasiones como la que estamos viviendo actualmente, no podemos controlar los estresores externos. Por ejemplo, en este caso las situaciones estresantes son la pandemia, la incertidumbre, la cuarentena y la crisis económica.

Sin lugar a dudas, la terapia psicológica se convierte en una buena alternativa de apoyo, ya que ayuda a desarrollar una serie de estrategias y habilidades para que podamos controlar las experiencias y consecuencias que el estrés produce y así reducir el malestar de manera significativa.

Además, la psicoterapia, también es útil para ayudarnos a corregir la manera como interpretamos los eventos estresantes.

Los estudios científicos también afirman que el entorno social no solamente puede desencadenar la situación estresante, sino que también puede actuar como amortiguador, reduciendo los efectos negativos, e incluso como manera de prevenir y reducir el estrés.

El impacto psicológico de la cuarentena

Los datos muestran que la cuarentena es el factor más predictivo de los síntomas del trastorno por estrés agudo. Las personas en cuarentena están significativamente más propensas a informar de agotamiento, desapego, ansiedad al tratar con pacientes contagiados, irritabilidad, insomnio, poca concentración e indecisión, deterioro del desempeño laboral y rechazo al trabajo o consideración de renuncia.

Entre las personas que han sido puestas en cuarentena, hay una alta prevalencia de síntomas de angustia y problemas psicológicos. Los estudios informan sobre síntomas generales de trastornos emocionales, depresión, ansiedad, estrés, bajo estado de ánimo, insomnio, síntomas de estrés postraumático, irritabilidad, ira y agotamiento emocional.

Aquellos que se encuentran en cuarentena por haber estado en contacto cercano con un caso confirmado, expresan sentimientos negativos durante el período de cuarentena: temor, nerviosismo, tristeza y culpabilidad. Son pocos los que informan de sentimientos positivos: un bajo porcentaje habla de sentimientos de felicidad y de alivio.

Con respecto a las familias, los padres reportan síntomas suficientes para garantizar el diagnóstico de un problema de salud mental relacionado con el trauma, y los niños presentan puntuaciones medias de estrés postraumático cuatro veces más elevadas, en comparación con aquellos que no han estado en cuarentena.

Tener algún antecedente de problemas de salud mental se asocia con ansiedad e irritabilidad, hasta 4-6 meses después de la liberación de la cuarentena. Después de este período, muchas personas continúan participando en conductas de evitación: alejarse de las personas que tosen o estornudan, rehuir los lugares cerrados e incluso los espacios públicos en las semanas posteriores a la cuarentena, lavado de manos constante etc., retrasándose en algunos casos, durante varios meses, el regreso a la normalidad.

  • Estresores durante la cuarentena
  • Duración de la cuarentena:
  • Miedo a la infección epidemia.
  • Frustración y aburrimiento
  • Suministros inadecuados:
  • Información inadecuada
  • Inestabilidad económica
  • Incertidumbre

Medidad de apoyo

  • Brindar a las personas toda la información disponible veraz.
  • Proporcionar suministros adecuados.
  • Reducir el aburrimiento y mejorar la comunicación a nivel familiar, fomentar la convivencia.
  • Comunicarse con la familia y amigos, las redes sociales pueden desempeñar un papel importante con los que se encuentran lejos.
  • En caso de ser necesario buscar ayuda terapéutica.

 LIC. CLAUDIA MUÑOZ

Psicoterapeuta y Tanatologa.

 

El poder de los decretos

El poder de los decretos

“El que siembra un pensamiento, cosecha una acción.
El que siembra una acción, cosecha un hábito.
El que siembra un hábito, cosecha un carácter.
El que siembra un carácter, cosecha un destino.”

¿Qué es un decreto?

Es la repetición de una serie de palabras que forman una idea generando la energía necesaria para que nuestro subconsciente conecte esa idea o pensamiento con la ley de la causa y efecto, convirtiendo en realidad lo que desees.

Cada palabra que se pronuncia es un decreto que se manifiesta hacia lo exterior. La palabra es la expresión del pensamiento, cuando lo ponemos en práctica nos libera de las energías que nos bloquean para así crear y activar los circuitos neuronales.

Nuestro cerebro y nuestro espíritu cuando están trabajando sienten una infinidad de pensamientos y emociones diferentes.

Evidentemente cuando una mente se abre, gracias a un cambio de actitud o trabajo interno, jamás puede retomar a sus dimensiones originales.

¿Cómo funcionan en nuestra mente?

La creación empieza siempre en una idea. Nada de lo que existe en el mundo ha aparecido por arte de magia, sino que todo ha sido previamente pensado e imaginado por alguien.

Lo mismo ocurre con nuestras vidas personales: según pensemos, según visualicemos nuestra vida, así será nuestra realidad y nuestra experiencia.

A efectos de dicha creación, es muy importante tener en cuenta cómo hablamos, pues las palabras son energía y cuando estamos hablando, estamos creando. Estar, así, atentos al lenguaje que utilizamos, tanto en nuestra relación con los demás, como con nosotros mismos (nuestro diálogo interior) es esencial. Y aquí es donde entran en juego las afirmaciones positivas.

Como regla general, debemos tener en cuenta que nuestra mente no entiende el «no»: directamente lo elimina como si no existiese en la oración. Así, si nosotros decimos «no quiero estar enfermo», nuestra mente se salta el «no» y se queda únicamente con el «quiero estar enfermo». De ahí la importancia de utilizar palabras y oraciones en positivo/afirmativo.

Las afirmaciones positivas deben tener tres elementos básicos

  • Tener una actitud positiva ante todo lo que nos ocurre en la vida es fundamental si queremos sentirnos tranquilos y en paz.
  • Un segundo beneficio es que nos ayudan a fijar nuestros objetivos y metas. Existen momentos en nuestras vidas en los que queremos algo, pero no sabemos bien el qué. En el momento en el que nos ponemos a definir una afirmación positiva, estamos reflexionando sobre lo que queremos y con ello clarificamos nuestras ideas.
  • En tercer lugar, las afirmaciones positivas nos ayudan a crear nuestra realidad. Recordemos que nuestro pensamiento es creador.
  • Finalmente, las afirmaciones positivas también pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud. Existe una intensa relación cuerpo/mente, de hecho, son más bien una unidad: todo lo que ocurre en la mente se manifiesta en el cuerpo y todo lo que pasa en el cuerpo es un reflejo de nuestra forma de pensar.

¿Cómo redactar tus propias afirmaciones positivas?

Las afirmaciones pueden hacerse en silencio, en voz alta, escribiéndolas o incluso cantadas o recitadas. Sólo diez minutos diarios haciendo afirmaciones positivas pueden compensar años de viejos hábitos mentales. Cuanta mayor frecuencia rememore tu conciencia de lo que te dices a ti mismo y cuanto más positivas y expansivas sean las palabras y conceptos que elijas, más positiva será la realidad que crees.

Haz siempre las afirmaciones en “presente”, no en futuro. Es importante crearlas como si ya existieran. En lugar de decir “conseguiré un empleo maravilloso”, di: “tengo un empleo nuevo maravilloso”. Esto es reconocer que todo se crea primero en el plano mental, antes que pueda manifestarse como una realidad objetiva.

Las afirmaciones se realizan del modo más positivo que se pueda. Afirma lo que, SI desea, no lo que NO quiere. En lugar de decir “no volveré a quedarme dormido”, di “me levanto con tiempo y lleno de energía todas las mañanas”.

En general cuanto más breves y sencillas son las afirmaciones, más eficaces resultan. Una afirmación es una expresión clara que contiene un fuerte sentimiento. Mientras más sentimiento tenga, más intensamente se graba en tu mente.

En 1887, William James, padre de la psicología científica, escribió un artículo titulado “El hábito”, en el que exponía la enorme plasticidad cerebral y cómo son necesarios 21 días para la formación de un nuevo hábito. Otros estudios científicos hablan de cómo ese tiempo puede ser variable según la persona y también según el método utilizado para la repetición.

Sin embargo, más datos y experiencias insisten en ir en favor de la teoría de los 21 días:

  • En los años 60, el cirujano plástico Maxwell Matz describió que sus pacientes tardaban 21 días en acostumbrarse a su nuevo aspecto o en dejar de sentir un “miembro fantasma” (amputado).
  • 21 días es el tiempo que tardan las células madre en diferenciarse en nuevas neuronas en el cerebro.
  • También son 21 días los que dura el biorritmo emocional. Todos los seres vivos seguimos ciclos relacionados con la naturaleza y nuestras propias funciones biológicas. De la misma manera que los ciclos menstruales duran 28 días de promedio, tenemos otros biorritmos como el emocional o el intelectual. Y parece que el emocional dura 21 días, y no 28 como habitualmente se ha establecido. Así lo concluyeron por separado en 2000 los investigadores Michael Smolensky, experto en cronobiología de la Universidad de Texas (EE. UU.), y Zerrin Hodgkins, de Londres.