“El que siembra un pensamiento, cosecha una acción.
El que siembra una acción, cosecha un hábito.
El que siembra un hábito, cosecha un carácter.
El que siembra un carácter, cosecha un destino.”

¿Qué es un decreto?

Es la repetición de una serie de palabras que forman una idea generando la energía necesaria para que nuestro subconsciente conecte esa idea o pensamiento con la ley de la causa y efecto, convirtiendo en realidad lo que desees.

Cada palabra que se pronuncia es un decreto que se manifiesta hacia lo exterior. La palabra es la expresión del pensamiento, cuando lo ponemos en práctica nos libera de las energías que nos bloquean para así crear y activar los circuitos neuronales.

Nuestro cerebro y nuestro espíritu cuando están trabajando sienten una infinidad de pensamientos y emociones diferentes.

Evidentemente cuando una mente se abre, gracias a un cambio de actitud o trabajo interno, jamás puede retomar a sus dimensiones originales.

¿Cómo funcionan en nuestra mente?

La creación empieza siempre en una idea. Nada de lo que existe en el mundo ha aparecido por arte de magia, sino que todo ha sido previamente pensado e imaginado por alguien.

Lo mismo ocurre con nuestras vidas personales: según pensemos, según visualicemos nuestra vida, así será nuestra realidad y nuestra experiencia.

A efectos de dicha creación, es muy importante tener en cuenta cómo hablamos, pues las palabras son energía y cuando estamos hablando, estamos creando. Estar, así, atentos al lenguaje que utilizamos, tanto en nuestra relación con los demás, como con nosotros mismos (nuestro diálogo interior) es esencial. Y aquí es donde entran en juego las afirmaciones positivas.

Como regla general, debemos tener en cuenta que nuestra mente no entiende el «no»: directamente lo elimina como si no existiese en la oración. Así, si nosotros decimos «no quiero estar enfermo», nuestra mente se salta el «no» y se queda únicamente con el «quiero estar enfermo». De ahí la importancia de utilizar palabras y oraciones en positivo/afirmativo.

Las afirmaciones positivas deben tener tres elementos básicos

  • Tener una actitud positiva ante todo lo que nos ocurre en la vida es fundamental si queremos sentirnos tranquilos y en paz.
  • Un segundo beneficio es que nos ayudan a fijar nuestros objetivos y metas. Existen momentos en nuestras vidas en los que queremos algo, pero no sabemos bien el qué. En el momento en el que nos ponemos a definir una afirmación positiva, estamos reflexionando sobre lo que queremos y con ello clarificamos nuestras ideas.
  • En tercer lugar, las afirmaciones positivas nos ayudan a crear nuestra realidad. Recordemos que nuestro pensamiento es creador.
  • Finalmente, las afirmaciones positivas también pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud. Existe una intensa relación cuerpo/mente, de hecho, son más bien una unidad: todo lo que ocurre en la mente se manifiesta en el cuerpo y todo lo que pasa en el cuerpo es un reflejo de nuestra forma de pensar.

¿Cómo redactar tus propias afirmaciones positivas?

Las afirmaciones pueden hacerse en silencio, en voz alta, escribiéndolas o incluso cantadas o recitadas. Sólo diez minutos diarios haciendo afirmaciones positivas pueden compensar años de viejos hábitos mentales. Cuanta mayor frecuencia rememore tu conciencia de lo que te dices a ti mismo y cuanto más positivas y expansivas sean las palabras y conceptos que elijas, más positiva será la realidad que crees.

Haz siempre las afirmaciones en “presente”, no en futuro. Es importante crearlas como si ya existieran. En lugar de decir “conseguiré un empleo maravilloso”, di: “tengo un empleo nuevo maravilloso”. Esto es reconocer que todo se crea primero en el plano mental, antes que pueda manifestarse como una realidad objetiva.

Las afirmaciones se realizan del modo más positivo que se pueda. Afirma lo que, SI desea, no lo que NO quiere. En lugar de decir “no volveré a quedarme dormido”, di “me levanto con tiempo y lleno de energía todas las mañanas”.

En general cuanto más breves y sencillas son las afirmaciones, más eficaces resultan. Una afirmación es una expresión clara que contiene un fuerte sentimiento. Mientras más sentimiento tenga, más intensamente se graba en tu mente.

En 1887, William James, padre de la psicología científica, escribió un artículo titulado “El hábito”, en el que exponía la enorme plasticidad cerebral y cómo son necesarios 21 días para la formación de un nuevo hábito. Otros estudios científicos hablan de cómo ese tiempo puede ser variable según la persona y también según el método utilizado para la repetición.

Sin embargo, más datos y experiencias insisten en ir en favor de la teoría de los 21 días:

  • En los años 60, el cirujano plástico Maxwell Matz describió que sus pacientes tardaban 21 días en acostumbrarse a su nuevo aspecto o en dejar de sentir un “miembro fantasma” (amputado).
  • 21 días es el tiempo que tardan las células madre en diferenciarse en nuevas neuronas en el cerebro.
  • También son 21 días los que dura el biorritmo emocional. Todos los seres vivos seguimos ciclos relacionados con la naturaleza y nuestras propias funciones biológicas. De la misma manera que los ciclos menstruales duran 28 días de promedio, tenemos otros biorritmos como el emocional o el intelectual. Y parece que el emocional dura 21 días, y no 28 como habitualmente se ha establecido. Así lo concluyeron por separado en 2000 los investigadores Michael Smolensky, experto en cronobiología de la Universidad de Texas (EE. UU.), y Zerrin Hodgkins, de Londres.