Si estoy muriendo, pero todavía soy la misma persona de siempre. Mi nombre y dirección no han cambiado y todavía tengo el mismo teléfono. 

Si estoy muriendo, pero todavía necesito que me necesiten. Ahora más que nunca. Necesito lugares que visitar, gente con quien estar y cosas que hacer. No estoy tratando de escapar a la realidad de mi situación, pero tampoco quiero quedarme en casa sin nada que hacer más que pensar en mi situación. 

Sí, estoy muriendo, pero todavía se me pueden acercar. Se pueden sentar junto a mí, darme la mano, abrazarme. Mi enfermedad no es contagiosa. No he sido aislado por mis doctores.

Sí, estoy muriendo, pero todavía me pueden mandar tarjetas y flores. Después de mi operación, el cartero habrá pensando que soy una celebridad. Hoy me encontré el buzón vacío. Incluso una cuenta o un anuncio sería algo interesante.

Si estoy muriendo, pero todavía pueden rezar por mí. No tengo tiempo de morir, pero estoy preocupado por lo que puedo hacer en los días que me quedan. Y a veces pienso qué hará mi esposa sin mí. No quiero que me hagan saber sus condolencias públicamente, pero me gustaría que me recordaran en sus plegarias.

Sí, estoy muriendo, pero, todavía puedo salir y pasar un buen rato. No quiero hacerlos sentir incomodos cuando estén conmigo, pero permítanme ponerme sentimental en ocasiones. A veces son las pequeñas cosas las que evocan recuerdos preciados o me hacen dudar si estaré presente en la próxima celebración.

Si estoy muriendo, pero estoy listo para enfrentar el futuro por la esperanza eterna que me da mi fe. No quiero que lloren por mi como alguien que no tiene esperanzas. Mejo, aprovechemos al máximo cada día que Dios nos da en la tierra.

 

 

Anónimo.

Aprendiendo a decir adiós.

Marcelo Rittner.